La Luna y las emociones

La Luna y las emociones

 

 

 


 

Se habla muchísimo de emociones pero no todos saben lo que son realmente. Así pues, intentemos comprender cuáles son sus funciones y cómo se manifiestan en nuestra vida.

 

Es interesante lo que se trata en el texto “inteligencia emotiva” de Goleman en el que el autor se pregunta: “¿Cómo nunca la evolución ha asignado a las emociones un papel tan fundamental en la psique humana desde el momento en el que los sociobiólogos indican –como posibles explicaciones- que es fundamental la prevalencia del corazón sobre la mente en los momentos críticos de la vida?”.

Cómo no pensar, en base a estas palabras, que son nuestras emociones las que nos guían en las situaciones difíciles y en las tareas más arduas y cómo no suponer que no baste la mente incluso si nosotros, los occidentales, le asignamos un papel tan importante.

Las emociones son informaciones que están unidas al otro sistema de comunicación, que está representado por el sistema nervioso, y a nuestros cinco sentidos (Mercurio). Las emociones son informaciones que circulan en el interior de nuestro cuerpo de forma libre, no ligadas a una red, como sucede con el sistema nervioso; son un vínculo directo entre el mundo del inconciente y el de la conciencia, no más que el físico... ya que el cuerpo está forzado a “sentirlas”. Su objetivo consiste en predisponernos a actuar. De hecho, cada una tiende a orientarnos hacia una dirección concreta, hacia una acción precisa, cuando tenemos que tomar decisiones importantes será justamente este mundo el que contará quizá incluso más que la parte racional.

Por casualidad, Jung indicaba que la función del “sentimiento” –que tiene en su base a los afectos- es como una función racional capaz de individualizar y escoger ni más ni menos que las funciones del “pensamiento”.

 

 

Los occidentales hemos creído lo contrario durante mucho tiempo; y, de hecho, hemos dado muchísima importancia a la razón y siempre hemos considerado las emociones como “inferiores”, aún cuando todos hemos experimentado su fuerza cuando se rebelan y cuando invaden todo nuestro sistema de cuerpo y mente con su torbellino sin que la razón pueda hacer nada.

 Las emociones son sentimientos y, de hecho, son auténticas “pasiones que advertimos inmediatamente en nuestro interior y que tienen el objetivo de hacernos “reaccionar” de una forma concreta y prefijada. Hace falta mucho tiempo para que aprendamos a manejar y a dominar nuestras emociones y a no ser esclavos de éstas, valiéndonos de su preciada información sin perder y sin bloquearlas.

strológicamente estamos habituados a ver las emociones de la Luna pero, personalmente, no estoy para nada convencida de todo esto en cuanto esas pertenecen indistintamente a los tres signos de agua... y a los tres planetas gobernados por éstos, aunque si, en un cierto sentido, la Luna es el símbolo que las abarca, el que se encarga de llevarlas a un nivel más perceptible y de hacerlas fluir por nuestro sistema psico-corpóreo: a través de la Luna las emociones se canalizan y es siempre ella la que muestra si somos capaces de manejarlas o si, por miedo, las reprimimos o acabamos por abusar de éstas utilizándolas como un auténtico sistema defensivo.

 

Esto significa que el reino de las emociones pertenece indistintamente a Plutón, Neptuno y la Luna que, siendo una de las funciones del Yo, las canaliza hasta hacerlas “sentir” utilizando la modalidad más adecuada para el signo que la alberga.

La relación de la Luna con los otros planetas nos aportará luz sobre las eventuales posibilidades que hemos tenido de dejarlas fluir en el momento en el que hemos empezado a experimentarlas; el equilibrio y la oposición en concreto mostrarán qué bloqueos se han puesto para evitar un sufrimiento demasiado intenso.

 

 

 

 

No hay duda de que las emociones, junto a los instintos, son el blanco preferido de la razón, del Yo y del Súper Yo que, desde siempre, a través de los cánones educativos, las reglas y varios mecanismos de defensa, intentan mantenerlos bajo control. Esto indica que el proceso de civilización no podía dejar pasar indistintamente la parte emotiva ya que, veía las grandes pasiones y las tormentas emocionales como el peor enemigo del orden y de la convivencia de forma equilibrada y tranquila.

Todo esto nos tendría que haber llevado a una “clara separación” y a la capacidad de sentirlas y dominarlas aprovechando sus preciados dones mientras que, muy a menudo, se acaba por reprimirlas pensando así de forma errónea que no habrán interferencias con el mundo de la razón.

Así, desde pequeños, aprendemos a no mostrar nuestras emociones, sobre todo las más incómodas, como la rabia y la frustración y, poco a poco, nos obligamos a mantenerlas en nuestro interior; con el tiempo nos habituamos a no “sentirlas” más... y a descubrir que la vida se convierte en algo plano y sin demasiadas sacudidas. De hecho no es posible desvincularse sólo de las emociones negativas: nos desvinculamos de todas.

 

Actualmente, la medicina ha demostrado que las emociones son positivas para nuestro cuerpo y, en particular, para el corazón (sede simbólica del cuarto chacra llamado “del corazón”) ya que dilatan los vasos sanguíneos y mejoran la circulación sanguínea. No en vano la palabra “emoción”, del latín “emo-agere” significa “actuar sobre la sangre”, pues todo lo relativo a la sangre y a las emociones está relacionado con unaimplicación profunda de nuestros sentimientos. La sangre para nuestro cuerpo se corresponde con las emociones en el nivel psíquico; el miedo a las emociones refleja la necesidad de no implicarse debido al miedo a ser herido que genera vasoconstricciones visibles en la respiración. Si pensamos en la asociación “respiración-vida” entonces no podemos dejar de pensar que reprimir las emociones sea algo que va contra la vida.

Los problemas graves de infartos y de enfermedades cardiovasculares del mundo occidental están íntimamente relacionados con la vasoconstricción que, finalmente, lleva al corazón a contraerse hasta que deja de ser irrigado y de bombear correctamente la sangre vital.

 

Es cierto que las emociones muy positivas hacen bien mientras que las emociones negativas no son buenas para la salud, teniendo en cuenta que tiene también la función de informarnos que en nuestro interior está produciéndose una batalla a muerte: resentimiento, rabia, rencor y sus derivados son “moléculas informativas” que, si se bloquean y se retoman en el interior, provocan una restricción del miocardio lenta y gradual y pueden cambiar literalmente la química del cuerpo debilitando el sistema inmunitario y su funcionamiento.

 

Esta es la razón por la cual las emociones tienen que vivirse por completo pero también tienen que dejarse de lado cuando los acontecimientos lo permiten: permanecer durante años en situación de rabia, resentimiento o miedo...  es un grave daño a la salud ya que implica no “alejarse” del pasado.

Rendirse a las emociones y vivirlas intensamente permite a la persona resolver el conflicto que se está desarrollando en su interior que, sin duda, es el auténtico creador del problema: la emoción no es la causa; sólo es el agente que lo refleja y que nos informa de su existencia.

 


La Luna y las emociones      La Luna

 



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